size2 38076 SALVADO “Dios nos salvó, nos envió peces voladores”Aún débil y con quemaduras del sol, Etueni Nasau (14) contó cómo él y sus dos primos sobrevivieron 61 días en un pequeño bote.

Durante 61 días, los tres jóvenes bebieron agua de lluvia encharcada en el fondo de su bote, engulleron peces voladores que saltaban a bordo y rezaron por su salvación.

Etueni Nasau y sus dos primos casi perdieron la esperanza de sobrevivir mientras flotaban a la deriva en el Pacífico Sur, antes de que un pesquero los hallara y pusiera fin a su extraordinaria odisea.

“Le doy gracias a Dios por mantenernos con vida mientras íbamos a la deriva en el mar abierto; Dios nos salvó”, dijo Nasau, de 14 años. “Rezábamos todos los días para que alguien nos hallara y nos rescatara. Pensamos que íbamos a morir”.

Con una voz tímida y suave, Nasau habló ayer por primera vez con la prensa desde su cama en un hospital en Fiji, adonde fueron llevados los tres para recibir tratamiento por deshidratación, quemaduras de sol y desnutrición.

Nasau, también conocido como Edward, y sus dos primos de 15 años, Samuel Pelesa y Filo Filo, abordaron su pequeño bote de 3,5 metros de largo en setiembre -Nasau no recuerda la fecha exacta- para hacer lo que pensaban serían un pequeño viaje entre islas del archipiélago de Tokelau.

Sin embargo, se quedaron sin combustible para el motor fuera de borda y comenzaron a viajar sin rumbo.

Día tras día, los adolescentes se sentaban desvalidos en el bote bajo un sol tropical inclemente y miraban el horizonte en busca de tierra o algún navío.

Muchas noches, las tormentas sacudieron su pequeña embarcación y luchaban para evitar que volcara. Aunque aterradoras, las tormentas les dejaron también agua de lluvia para beber.

La comida se les terminó rápidamente y temían morir de hambre. El mar proveyó sustento.

“Comimos peces voladores, muy pequeños, que saltaban a nuestro bote, como de unos 13 centímetros, fue como si Dios los hubiera enviado”, cuenta Nasau, quien se veía delgado y débil, pero aliviado. “La última vez que comimos uno fue la semana pasada, si mal no recuerdo”.

Una vez, un ave se posó en el bote y Pelesa la atrapó con sus manos. Los hambrientos muchachos desmembraron al pájaro y compartieron la carne cruda.

En los días previos a su rescate, las tormentas cesaron y los jóvenes estaban desesperadamente sedientos. Comenzaron a beber pequeñas cantidades de agua de mar.

Cierta noche vieron luces que creen eran de un barco, pero no llevaban luces consigo y sabían que nadie los vería en la oscuridad. “Nos sentamos a mirar” mientras se alejaba”, relató Nasau.

El miércoles pasado, el barco atunero San Nikuna pasó cerca de ellos. Era de día esta vez.
El primer oficial Tai Fredricsen dijo que estaban asombrados de ver un bote pequeño tan lejos de la costa. Estaban aún más sorprendidos de ver a los muchachos moviendo las manos frenéticamente para pedir ayuda. Habían recorrido más de 1.300 kilómetros desde Tokelau.

Fredricsen subió a los muchachos a su embarcación y les dio líquidos y fruta.

Los jóvenes han respondido bien a la rehidratación. A 24 horas de su llegada a Fiji, Pelesa y Filo fueron dados de alta del hospital. Sólo Nasau permanecía en el nosocomio. Se espera que los tres tomen un vuelo a Samoa mañana lunes. Luego tendrán que esperar dos semanas un barco que los lleve de vuelta a su casa. Los muchachos son del atolón de Atafu, uno de los tres que componen el grupo de islas Tokelau.

Las autoridades marítimas de Nueva Zelanda comenzaron la búsqueda oficial el 5 de octubre.

Tiempo después se canceló y los jóvenes fueron dados por muertos. Su comunidad realizó una tradicional ceremonia fúnebre en su honor.  /losandes.com.ar

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